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UNA RICA BIOGRAFÍA EN UNAS POCAS FECHAS

Don Jesús Pousa Rodríguez

D. Jesús Pousa Rodríguez nace en Longos el 25 de Abril de 1919 del matrimonio formado por D. Ricardo Pousa y Dª. Rosa Rodríguez.

Estudia en la escuela de su pueblo con su maestro, D. José Leiro, y luego ingresa en el Seminario, donde cursa sus estudios que culminará en Comillas, después de incorporarse a filas cuando cursaba segundo de Teología.

En Comillas estudia Derecho y se inicia en la pastoral social, y profundiza su espiritualidad bajo la dirección del Padre Nieto.

Es ordenado sacerdote el 18 de Junio de 1943 de manos del Iltr. D. Daniel Lorente, Obispo de Segovia, especializado en catequesis en Comillas, y celebra su primera Misa en su Parroquia natal de Longos el 27 de Julio del mismo año.

Vuelve a Comillas en el curso 1943-1944 a terminar sus estudios, para depués regresar a Ourense, donde el 3 de Octubre de 1944 es nombrado Profesor del Seminario por el Obispo de la Diócesis, tarea que compaginará con las de Coadjutor de la Parroquia de Santiago de las Caldas, cuyo Párroco era en aquel momento D. Germán Fernández Román.

En Junio de 1945 es nombrado formador del Seminario.

El 10 de Octubre de 1946 llega a la Parroquia de Santiago y pocos días después se le asigna su primer Coadjutor, D. Antonio Rodríguez Nieto. Unos 6.000 habitantes, en un barrio obrero, con grandes almacenes y 1.400 ferroviarios y muchas necesidades materiales y espirituales.

Se jubila en Enero de 1990, después de algo más de 40 años de intensa labor pastoral al servicio de la comunidad de Santiago de las Caldas.

Fallece en el Hospital el día 4 de Abril de 2004, Domingo de Ramos y sus funerales se celebran el 6 de Abril en la Parroquia de Santiago de Las Caldas desde donde sus restos mortales son llevados a reposar en el Cementerio Parroquial de Longos, su pueblo natal.

 

UNA MEMORIA VIVA

“HAY HOMBRES QUE LUCHAN UN DÍA
Y SON BUENOS,
HAY OTROS QUE LUCHAN UN AÑO
Y SON MEJORES,
HAY QUIENES LUCHAN MUCHOS AÑOS
Y SON MUY BUENOS,
PERO HAY LOS QUE LUCHAN TODA LA VIDA:
ESOS SON LOS IMPRESCINDIBLES”

Bertolt Brecht.

Alguien ha dicho que una persona muere del todo cuando se le olvida. Sería una gran ingratitud que la comunidad Parroquial de Santiago de las Caldas dejara caer en el olvido a Don Jesús. Un buen pastor que gastó y desgastó su vida al servicio del Evangelio y de sus feligreses.

Su obra perdura más allá de los años de su vida en esta tierra puesto que la base de la organización parroquial es la que el asentó hace muchos años, allá por los años 50.

EL DÍA QUE AQUEL REBELDE DIJO BASTA

Me contó en alguna ocasión que siendo sacerdote joven tuvo que asistir al entierro de un personaje importante de su zona. Cuando la comitiva fúnebre pasaba por el centro del pueblo, una humilde señora salió al balcón y dijo: “Adiós, pai das trampas”. Aquella frase se le clavó en el alma. Miró hacia atrás y, según él contaba, pensó: “Pai das trampas y un montón de curas detrás de él”. Allí empezó a pensar que había que avanzar hacia un modelo nuevo de parroquia donde las diferencias entre los feligreses desaparecieran. Poco después el Concilio pedirá que no se hagan distinciones por razones económicas, de condición social… (SC.31).

Progresivamente fue eliminando toda diferencia hasta lograr una organización parroquial que favoreciese este estilo comunitario donde cada uno aporta según sus posibilidades y cada uno recibe según sus necesidades. Su espiritualidad profundamente evangélica le ayuda a perseverar en esta línea no sin grandes dificultades, puesto que no siempre es bien entendido el trato igual en una sociedad profundamente individualista.

UN DESARROLLO ARMÓNICO DE LA LABOR PASTORAL

Monseñor Jesús PousaDon Jesús era un hombre inconformista, un buscador incansable, con un deseo que lo guiaba: Ayudar a sus feligreses a acercarse a Dios. Para ello trabajó por su formación cristiana promoviendo movimientos de pastoral obrera, la catequesis presacramental y la niña de sus ojos: sus visitadoras parroquiales. Para ello se necesitaban locales y ahí quedó su gran obra: La Casa Parroquial. Se esforzó por dignificar el templo y el culto. Eran admirables sus homilías por su implicación, lenguaje sencillo y coloquial, el empleo de gestos y anécdotas… Tenía muy presente que una comunidad viva nace y se alimenta de la Eucaristía y se regenera en la Penitencia. Pero no basta solo con formarse y celebrar, hay que comprometerse con los pobres y luchar por un mundo más justo. En tiempos de mucha necesidad nadie que se encontrase con Don Jesús en situación precaria salió sin ayuda. ¡Cuántas personas y familias tendrían que reconocer su generosidad! Formación-celebración y compromiso social eran las grandes coordenadas de su misión.

SUS COLABORADORES

Don Jesús contó en su ministerio con muchos y muy buenos colaboradores a su lado. Se decía que escogía a sus coadjutores. No sé lo que hay de cierto, si creo que a alguno nos tocó por puras casualidades de la vida o por acción de la Providencia de Dios. Sí es cierto que entre sus Coadjutores se cuentan muchos y muy venerables sacerdotes. Citamos la relación de los mismos:

D. Antonio Rodríguez Nieto (1949), D. Emilio Salgado Vádes (1950), D. José Casero Rodríguez (1953), D. Antonio González García (1954), D. Manuel Lorenzo Argibay (1955), D. Ramón Gómez Vázquez (1956), D. Emilio Crespo González (1957), D. Rafael Nogueiras Gómez (1960), D. José Benito Sieiro González (1961), D. José Vicente Vázquez Rodríguez (1962), D. José Estévez Míguez (1967), D. Arturo Camba Gómez (1968), D. Emilio Pérez Iglesias (1968), D. José Aurelio Carracedo Rodríguez (1969), D. Cesáreo Fernández García (1971), D. Jaime Marquina Vázquez (1974), D. Ramón Gómez Vázquez (1976), D. Ignacio Vázquez Domínguez (1977), D. Manuel Pérez Vences (1979), D. Julio Rodríguez López (1980), D. Camilo Salgado Vázquez (1983) y D. Francisco Pernas de Dios (1985).

También contó con algunos sacerdotes adscritos, como D. Prudencio Torres, D. José Ramón Sobrado Palomares y D. Francisco Ruíz Sobrino.

Así, en los últimos años la Parroquia de Santiago de Las Caldas estuvo regida por D. Cornelio, D. Germán y D. Jesús como Párrocos. Tras la jubilación de D. Jesús quedó al frente D. Camilo Salgado hasta que en Junio se nombró un equipo de Párrocos, al frente del cual estaba D. Francisco Manuel Enríquez Pérez.

En todos ellos encontró Don Jesús buenos colaboradores y todos hemos aprendido de él el celo de un pastor entregado a su misión, que conocía a los suyos y ellos le reconocían. Esto no significa que no hubiera problemas y que en toda obra humana y en toda persona haya fallos y a veces momentos de tensión, pero sin duda que las luces brillan mucho más que las sombras en la larga tarea de un buen pastor. Muchos de sus colaboradores ya están con él en la casa del Padre. Esperamos que allí juntos celebren el premio que Dios concede a los que luchan todos los días de su vida, y desde el regazo del Padre alienten a los que todavía seguimos.

A los que continuamos su obra nos toca mantener viva su memoria para que nunca mueran aquellos que nos alentaron y ayudaron a creer.

SU LEGADO

Recogemos a continuación fragmentos de un cuaderno que él tituló "Mensajes de un cura de barrio", escrito tras su jubilación, y que hacen referencia a su labor pastoral dentro de la parroquia.

“Con las mujeres puse en marcha el roperillo eucarístico. Cosían para fuera, y con lo que ganaban renovaban las vestiduras de la parroquia. Un grupo de señoras fue a Montserrat y en la sacristía del monasterio estudió y copió los modelos de casullas y vestiduras. Al mismo tiempo, las puse al habla con las benedictinas de Barcelona, y éstas les mandaban los dibujos de casullas y vestiduras litúrgicas. Así comenzó el roperillo eucarístico, y sigue con cerca de 50 años de existencia. Vale la pena revisar las vestiduras de la parroquia para testificar, con los propios ojos, la obra de un grupo de señoras entregadas con cariño a una obra muy práctica.”

(...)

“Organicé en mi parroquia el equipo de auxiliares o visitadoras. Elegí para el oficio a lo mejor que conocía de la parroquia y las lancé a la tarea.

“El equipo de auxiliares parroquiales nos tenía muy informados de todo lo que pasaba en la parroquia: lo que decían de los curas, sus necesidades, sus quejas. Estimo que es muy importante saber qué opina de nosotros el pueblo. "Quién dice la gente que soy yo", decía Jesús. Uno va corrigiendo, va anotando cosas y se va acomodando a todo lo que sea conquistar la confianza del pueblo.

“El equipo de auxiliares nos tenía al día en todo, conocíamos a las familias nuevas en la parroquia, frenaban la acción de las sectas y animaban la vida parroquial. La obra sigue en pie después de 45 años de existencia. Quiero desde aquí rendir un homenaje de gratitud a mis auxiliares parroquiales y encomendarme a sus oraciones. Sé que todas son almas orantes.”

Jesús Pousa Rodríguez

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