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En galego

EL AUTOR Y SU OBRA

EL TEMPLO PARROQUIAL

El autor del templo parroquial es el arquitecto vasco Don José María de Basterra, hombre impregnado del gusto por lo gótico que hace uso de esta inspiración en toda su obra, no sólo en la de terminación de obras existentes sino también en la de nueva obra, como es el caso de este templo.

Una característica del trabajo de este autor, es el uso de una sola torre central en las fachadas de las Iglesias que proyecta. Las torres, las divide en varios cuerpos de diversas formas, circulares, poligonales o rectangulares, y siempre rematadas por un cuerpo semejante a una flecha que se eleva hacia el Cielo.

Obras suyas se extienden por toda España. Entre ellas, están la Iglesia de los Jesuitas de Bilbao, y la de Nuestra Señora de Begoña, también en Bilbao, y de la que tan sólo realizó la torre para terminar la Iglesia.

LOS RETABLOS

El autor de los retablos es Máximo Magariños, escultor gallego creador de una escuela de talla en Santiago de Compostela, que dejó abundantísimas obras por la región.

Magariños, era fundamentalmente un trabajador de la madera, un ebanista virtuoso, e incluso, un gran retablista que adaptaba su obra al recinto para el cual la construía.

Fue un imaginero religioso, prendido en la tonalidad expresiva del gótico florido, en cuya estilística se inspiró y mantuvo durante toda su vida.

La variedad temática y cronológica de su iconografía atestigua, una vez más, los gustos eclécticos de Magariños, que lo encuadran en el movimiento “ecléctico” de finales del siglo XIX y principios del XX.

Máximo Magariños es autor de numerosas imágenes que pueblan las Iglesias de toda Galicia. De su obra, como retablista, sobresalen los retablos de la Catedral de Santiago: son el de la Capilla de la Virgen Blanca, o de las Españas, que data de 1906, y el de la Capilla de las Reliquias, tallado en cedro y que recuerda al de San Nicolás de Burgos de los Colonia. En estos retablos, al igual que en el comentado, las imágenes son obra suya.

EL RETABLO DEL ÁBSIDE

Este retablo, ambientado dentro del recinto para el cual se construyó, adopta una estructura de fachada gótica en la que todo es pura filigrana de tracería ojival.

Está formado por tres calles de dimensiones semejantes, encuadradas por unos altos estípetes que se decoran con imitaciones de tres larguísimas ventanas ojivales, cubiertas con unos gabletes tan agudos que terminan como flechas, formando una cruz en la cima. Los que encuadran la calle central son más altos, y en su decoración se añade una tracería que imita los ventanales góticos del siglo XIII, y que se cubre con otro gablete.

Las calles laterales se dividen en dos calles cada una, separadas por otro estípete más sencillo y estrecho que se corona con unos ángeles de pequeño tamaño, orantes de cuerpo entero y de composición vertical acentuada por las alas, que juntas se asoman por encima de la cabeza.

Horizontalmente, está dividido en dos cuerpos que se superponen a un pequeño banco decorado con tracería gótica, y separados por una crestería. Sobre el segundo cuerpo, la calle central presenta un tercer cuerpo en forma de hornacina, que alberga la imagen barroca del santo titular bajo un dosel poligonal formado por arcos apuntados, adornados con una especie de festón y apoyados los laterales en dos columnas, cuyo fuste tiene adosado un ángel. Los ángulos del dosel, tienen otros tres, todos iguales a los ya descritos. La hornacina se corona con una especie de torre piramidal calada con tracería y muy aguda, coronada por una cruz de brazos iguales.

Debajo de esta hornacina y en el segundo cuerpo, aparece otro dosel, que alberga el Crucifijo; está formado por un arco apuntado conopial o cóncavo convexo.

En las calles laterales y bajo doseles sencillos se sitúan, en el segundo cuerpo, cuatro alto relieves dedicados a la vida de Santiago Apóstol. El primer cuerpo, se adorna con tracería en las calles centrales y con motivos ovales y heráldicos en las laterales.

Todo en este retablo es rutilantemente dorado.

LOS RELIEVES

Las calles laterales de la derecha tienen dos relieves cuyo tema es: la muerte de Santiago en uno y la Oración del Huerto el otro. Son de composición plana, aunque está presente en ellos un motivo arquitectónico en uno, y un árbol en el otro, ya que estos objetos sólo sirven para enmarcar la escena y no dan ninguna profundidad al relieve, y así el árbol extiende sus ramas lateralmente y los edificios convergen en el centro.

En la izquierda se sitúan los relieves de la Transfiguración de Cristo y la Batalla de Clavijo. Son también de composición plana, y esta vez sin fondo alguno ni objetos que se presten a confusión. En el de la Batalla, presenta a Santiago Matamoros, figura ecuestre cuyo caballo no presenta escorzo alguno.

Estos relieves, están formados por entrepaños dorados en los que se presentan figuras muy movidas, cuyo movimiento se hace patente en sus ropas que parecen movidas por el viento. Su talla es de un gran virtuosismo.

EL CRUCIFIJO

Es una escultura de gran equilibrio, realizada en madera con policromía mate imitando el color natural de la piel. Es un Cristo de perdón, vivo, cuya cabeza ligeramente inclinada hacia el lado derecho, reposa la barbilla en el cuerpo. Su mirada se dirige al penitente, hacia quien baja sus ojos. Su rostro, no es lacerante, ya que no presenta heridas sangrantes, y su expresión está llena de dulzura implorante y misericordiosa. La corona de espinas, es tallada en Él y no produce heridas.

Su cuerpo, esbelto, no presenta gran escorzo; las rodillas, juntas, apenas sufren desplazamiento lateral que altere la verticalidad del cuerpo. Sus pies se cruzan, y sobreponen unidos por un solo clavo. Un amplio paño de pureza, muy ceñido al cuerpo, se anuda en su lado derecho sin cuerda.

Su cuerpo tampoco presenta motivos lacerantes, pues la herida del costado, no es sangrante.

La Cruz es de maderos planos, y clásica en la imaginería del momento.

EL PATRONO

Es una escultura de buen tamaño en madera policromada de varios colores planos, que representa a Santiago Apóstol caminante con el manto recogido en los brazos. Los pliegues del manto se quiebran, formando numerosas arrugas de líneas amplias que lo ciñen al cuerpo mostrando la actitud andante de la imagen.

Presenta un gran naturalismo nacido del estudio del natural. Representa un hombre de cierta edad, de pelo corto y barba larga, que se inscribe en un triángulo puntiagudo que da a la cara apariencia alargada y forma de triángulo también.

Esta imagen está dotada de gran movimiento, que se patentiza en su composición diagonal y en los contornos sinuosos de su cuerpo que presenta gran escorzo.

EL CALVARIO

Al entrar a la derecha, en el primer tramo de la nave lateral de ese lado, encontramos un pequeño retablo de madera dedicado al Calvario, y en el que junto al Crucifijo, están la Dolorosa y San Juan Apóstol.

EL CRUCIFIJO

Es una talla de mayor tamaño que la del retablo mayor, como aquélla realizada en madera policromada. Su policromía, de encarnaciones mates y morenas.

Éste es un Cristo expirante, de cabeza alzada, de manera que su mirada se dirige hacia arriba, mirando al Padre. No es una imagen lacerante, pues en su rostro no hay ni heridas sangrantes ni en su expresión complacencia en el dolor desgarrado, sino que señala angustia y sentimiento de esperanza. Su cabello es corto y se aparta del rostro. La corona es tallada en la misma.

Su cuerpo, de canon esbelto y extremidades largas, tampoco presenta laceración y las huellas de la Pasión son escasas. Sus pies, también sobrepuestos, están unidos por un solo clavo.

El paño de pureza está sujeto por cordón y se abre como zarandeado por el viento hacia la izquierda, y con gran movimiento se desplaza a ese lado separándose del cuerpo. Tiene también un cierto movimiento de resbalar por las piernas, que imprime esbeltez al cuerpo.

SAN JUAN

Es una escultura de buen tamaño, de madera policromada en colores planos. Es una policromía rica y de gran finura. Representa un hombre joven y de aspecto un tanto andrógino, cuya faz recuerda un poco al ángel de los Olivos de Salcillo.

Su cabellera suelta y retirada del rostro, al que enmarca, es de amplios bucles que caen por la espalda.

Todo en él irradia calma, serenidad y gran elegancia; sus manos y brazos, cruzados sobre el pecho sin apenas desplazamiento; sus ojos, ligeramente elevados hacia Cristo, acentúan su aspecto sereno.

Los pliegues de su manto, recogido por el movimiento de los brazos, forman amplias y minuciosas arrugas verticales; unas, como formando abanico, y casi horizontales otras, siguiendo la línea de los brazos.

LA DOLOROSA

Es una imagen de vestir de igual tamaño que el San Juan. Sus manos están juntas y cruzadas sobre el pecho. Su rostro no se complace en el dolor desgarrado y angustioso, sino que ofrece una serena resignación.

Esta imagen fue donada por la señora Jesusa Puga de Lois en marzo de 1926.

 

Fotografía realizada por Mani Moretón

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